Nuestro equipo de traducción El sonido y la furia comenzó a gestarse hace apenas unos meses a finales de febrero de 2009. El lanzamiento de la página se dio a principios de mayo y en este poco tiempo hemos tenido una buena respuesta. En tres semanas que la página y varios anuncios han estado circulando en Internet, hemos recibido ya varias solicitudes de información y logramos entablar contacto con nuestros primeros clientes. Este comienzo, que puedo calificar de exitoso, no es únicamente producto de que tengamos ya la página en línea. Todo el proceso de conformación de la empresa nos ha llevado meses de planeación, investigación, adecuación y puesta en marcha del mecanismo que nos permitirá lograr nuestros objetivos.
Nuestro primer paso consistió en establecer qué es lo que queremos ofrecer. La concienciación sobre los alcances de nuestra profesión se dio en un trabajo que realizamos juntos Alfredo y yo antes de conformarnos como socios. En dos jornadas intensas de interpretación, conocimos por experiencia propia lo que tanto se nos inculcó sobre la labor de mediador culttural del traductor/intérprete. Antes lo sabíamos, pero lo experimentamos con claridad esos días, pues nos encontrábamos interpretando inglés-español-inglés para al menos cuatro partes distintas involucradas en unas sesiones de capacitación de un equipo de reabastecimiento de combustible para aviones. En este trabajo nuestra labor principal no consistió sólo en volcar al español el mensaje que venían a transmitir los capacitadores y comunicarles las preguntas que surgieran. Al ir progresando la jornada, fuimos descubriendo los intereses de cada grupo involucrado: lo que unos querían aprender, lo que otros querían demostrar, lo que otros más querían dejar claro, de lo que otro grupo quería convencer. En ocasiones, estos propósitos eran opuestos a los deseos, objetivos e intereses de los otros grupos. Sin embargo, en medio de las conversaciones y acuerdos, nosotros, los intérpretes, pasábamos de abogar por uno de los bandos a representar al otro. Era un constante ir y venir de defender una idea a afirmar lo opuesto, de pedir, defender, atacar, replantear, sugerir, explicar en representación de cada distinto grupo.
Esta experiencia nos enseñó mucho sobre lo que está en nuestras manos al emprender cada proyecto. Estamos entre estas voces y palabras que se dirigen al otro en busca de una reacción. De nosotros depende que la comunicación se lleve a cabo e, incluso, que el encuentro finalice de forma exitosa. Fue aquí cuando decidimos asociarnos, pues estos días fueron muy satisfactorios para nosotros y nos abrieron los ojos a las oportunidades que teníamos trabajando juntos y la similitud de nuestra concepción de la labor del traductor e intérprete. De nuestro primer trabajo juntos surgió nuestra ideología: somos traductores que trabajan entre voces distintas que se oponen, se complementan, se contradicen, acuerdan, piden y dan. Nuestra labor es la mediación entre estas voces. Mediamos reconociendo la intención del mensaje que portamos y haciéndolo llegar como lo espera quien lo comunica, y devolvemos el mensaje tomando la voz de quien participa en este proceso de comunicación desde el otro extremo.
Nuestro primer paso consistió en establecer qué es lo que queremos ofrecer. La concienciación sobre los alcances de nuestra profesión se dio en un trabajo que realizamos juntos Alfredo y yo antes de conformarnos como socios. En dos jornadas intensas de interpretación, conocimos por experiencia propia lo que tanto se nos inculcó sobre la labor de mediador culttural del traductor/intérprete. Antes lo sabíamos, pero lo experimentamos con claridad esos días, pues nos encontrábamos interpretando inglés-español-inglés para al menos cuatro partes distintas involucradas en unas sesiones de capacitación de un equipo de reabastecimiento de combustible para aviones. En este trabajo nuestra labor principal no consistió sólo en volcar al español el mensaje que venían a transmitir los capacitadores y comunicarles las preguntas que surgieran. Al ir progresando la jornada, fuimos descubriendo los intereses de cada grupo involucrado: lo que unos querían aprender, lo que otros querían demostrar, lo que otros más querían dejar claro, de lo que otro grupo quería convencer. En ocasiones, estos propósitos eran opuestos a los deseos, objetivos e intereses de los otros grupos. Sin embargo, en medio de las conversaciones y acuerdos, nosotros, los intérpretes, pasábamos de abogar por uno de los bandos a representar al otro. Era un constante ir y venir de defender una idea a afirmar lo opuesto, de pedir, defender, atacar, replantear, sugerir, explicar en representación de cada distinto grupo.
Esta experiencia nos enseñó mucho sobre lo que está en nuestras manos al emprender cada proyecto. Estamos entre estas voces y palabras que se dirigen al otro en busca de una reacción. De nosotros depende que la comunicación se lleve a cabo e, incluso, que el encuentro finalice de forma exitosa. Fue aquí cuando decidimos asociarnos, pues estos días fueron muy satisfactorios para nosotros y nos abrieron los ojos a las oportunidades que teníamos trabajando juntos y la similitud de nuestra concepción de la labor del traductor e intérprete. De nuestro primer trabajo juntos surgió nuestra ideología: somos traductores que trabajan entre voces distintas que se oponen, se complementan, se contradicen, acuerdan, piden y dan. Nuestra labor es la mediación entre estas voces. Mediamos reconociendo la intención del mensaje que portamos y haciéndolo llegar como lo espera quien lo comunica, y devolvemos el mensaje tomando la voz de quien participa en este proceso de comunicación desde el otro extremo.

