Hace unos dos meses recibí la devolución automática de mi saldo a favor de ISR en mi cuenta de banco. Una nimiedad, pero un gran dolor de cabeza. Esta devolución hizo que mi contadora (quien también es mi madre y se preocupa mucho por salvaguardar mis intereses) notara que también procedía la devolución de IETU (el nuevo impuesto con el que nos está fregando el Estado) y que además faltaban unos cuantos pesitos de estas devoluciones.
Para saber qué procedía, intentamos hacer una cita en la página del SAT. Su innovador sistema de citas electrónicas no mostraba disponibilidad de horarios en ninguna fecha próxima. Sólo permite hacxer citas con 2 meses de anticipación y todo estaba lleno. Mi madre no se rindió e intentó hacer una cita vía teléfonica, la cual nos dieron para un mes después, tras explicar con detalles nuestra inquietud.
Hoy que fuimos a ver por qué había inconsistencias entre la devolución que deberían haberme hecho y la que en efecto hicieron, nos confirmaron que se debía a que dos de las tres empresas para las que trabajé el año pasado no declararon haberme pagado la misma cantidad que yo declaré que recibí.
Mamá: Señor funcionario. ¿Se da cuenta que no tiene sentido que yo como persona física declare más ingresos de lo que percibo? Eso sólo significaría que debo pagar más impuestos.
Funcionario: Sí, claro, pero las empresas declararon otra cosa y es a ellas a quienes les creemos.
Mamá: Pero entonces, ¿qué debo hacer? ¿Debo declarar sólo lo que ellos reportaron aunque sea diferente a la cantidad que yo percibí?
Funcionario: Por supuesto que no. Debe declarar todos y cada uno de sus ingresos.
Mamá: Pero eso no me conviene, porque aunque yo lleve mi contabilidad perfectamente, si la empresa no declara bien, yo salgo perdiendo porque no procede mi devolución de impuestos.
Funcionario: Así es.
...
Así alegamos con el funcionario cosa de media hora, sin llegar a nada. Insensatez tras insensatez.
Una de las tres empresas con las que trabajé el año pasado cambió de razón social a mitad de año y al final me entregaron una Cconstacia de retenciones por menos de lo que en realidad me pagaron. Al pedirles la corrección, dijeron que por ciertas razones se les había antojado declarar nada más la mitad de lo que me pagaron, así que si quería una constancia corregida, iban a entregarme una con la mitad de lo que yo declaré. A final del año, amablemente se ofrecieron a devolverme la mitad de mis recibos y que yo me hiciera bolas con lo que ya había declarado y demás. Insistimos e insistimos para llegar a un acuerdo y que hicieran las cosas bien, pero nada. La ley de la selva.
A la segunda empresa le trabajé una cantidad mínima. Esta empresa estaba completamente desorganizada pero todo el trabajo les urgía. Les entregué las primeras y últimas traducciones que les hice y después de 50 llamadas telefónicas y 5 visitas a sus oficinas, me pagaron casi a regañadientes. Salí perdiendo por el gasto y desgaste de la parte administrativa. Y para acabarla, al solicitarles la constancia de retenciones, no volvieron a contestar.
La tercera empresa para la que trabajé el año pasado, quienes siguen siendo mis clientes y para quienes trabajo con mucho gusto, declararon correctamente lo que me pagaron y no tuvieron problema (como debe de ser) en entregarme la constancia de retención. Son una empresa seria que vende millones de pesos, gana licitaciones y sigue en crecimiento. Si haces las cosas bien, de verdad creo que te va bien... excepto cuando se trata de lidiar con Hacienda.
Desde que comencé a trabajar seriamente como profesional independiente, me di de alta en Hacienda como era debido, saqué mi talonario de recibos de honorarios, he presentado declaraciones, pedido facturas para deducir impuestos y entregado puntualmente a mis clientes todos los documentos requeridos . Pero yo, como persona física, valgo menos ante Hacienda que la persona moral. Si la empresa para la que trabajo decide no declarar correctamente, huye del país o hace tranzas, quien sale perdiendo soy yo. Lo que declaro ante Hacienda es un mero trámite, lo que vale es lo que diga el otro que es más fuerte. Las incongruencias que hay entre mis declaraciones y las de ellos no provocan siquiera una auditoría, para Hacienda todo esto significa únicamente que yo me equivoqué. Repito las palabras de mi madre que ya había citado, la persona física no tiene ningún beneficio al declarar más ingresos de los que percibe, pero el sistema tributario no se da cuenta de esto ni le importa arreglar estos callejones sin salida. Si quisiera levantar una queja o señalar esta injusticia, lo que procede es una demanda civil (Hacienda se lava las manos) donde yo, de nuevo, acabaría perdiendo.
Declarar impuestos en este país es un proceso imposible. Todo está en tu contra y los funcionarios encargados de esto parecen intentar disuadirte de seguir por el buen camino. Siempre que voy a Hacienda me hago la determinación de dejar de estar dentro de la ley. El gusto de ser traductora, los clientes que he obtenido en estos años (que no aceptarían que trabajara para ellos clandestinamente) y mi educación, me han disuadido de hacerlo.
Huelga decir que debo despedirme de mi devolución de impuestos completa a menos que me quiera ver envuelta en un proceso kafkiano que sé de antemano que no me llevará a nada. No dejaré que esos pesos que se queda Hacienda gracias a su ineficiente e inequitativo sistema de recaudación de impuestos, me quiten el sueño, aunque me caerían muy bien. Más tiempo y fuerzas perdería en seguir su juego. Por ahora, tengo clientes que atender.
Para saber qué procedía, intentamos hacer una cita en la página del SAT. Su innovador sistema de citas electrónicas no mostraba disponibilidad de horarios en ninguna fecha próxima. Sólo permite hacxer citas con 2 meses de anticipación y todo estaba lleno. Mi madre no se rindió e intentó hacer una cita vía teléfonica, la cual nos dieron para un mes después, tras explicar con detalles nuestra inquietud.
Hoy que fuimos a ver por qué había inconsistencias entre la devolución que deberían haberme hecho y la que en efecto hicieron, nos confirmaron que se debía a que dos de las tres empresas para las que trabajé el año pasado no declararon haberme pagado la misma cantidad que yo declaré que recibí.
Mamá: Señor funcionario. ¿Se da cuenta que no tiene sentido que yo como persona física declare más ingresos de lo que percibo? Eso sólo significaría que debo pagar más impuestos.
Funcionario: Sí, claro, pero las empresas declararon otra cosa y es a ellas a quienes les creemos.
Mamá: Pero entonces, ¿qué debo hacer? ¿Debo declarar sólo lo que ellos reportaron aunque sea diferente a la cantidad que yo percibí?
Funcionario: Por supuesto que no. Debe declarar todos y cada uno de sus ingresos.
Mamá: Pero eso no me conviene, porque aunque yo lleve mi contabilidad perfectamente, si la empresa no declara bien, yo salgo perdiendo porque no procede mi devolución de impuestos.
Funcionario: Así es.
...
Así alegamos con el funcionario cosa de media hora, sin llegar a nada. Insensatez tras insensatez.
Una de las tres empresas con las que trabajé el año pasado cambió de razón social a mitad de año y al final me entregaron una Cconstacia de retenciones por menos de lo que en realidad me pagaron. Al pedirles la corrección, dijeron que por ciertas razones se les había antojado declarar nada más la mitad de lo que me pagaron, así que si quería una constancia corregida, iban a entregarme una con la mitad de lo que yo declaré. A final del año, amablemente se ofrecieron a devolverme la mitad de mis recibos y que yo me hiciera bolas con lo que ya había declarado y demás. Insistimos e insistimos para llegar a un acuerdo y que hicieran las cosas bien, pero nada. La ley de la selva.
A la segunda empresa le trabajé una cantidad mínima. Esta empresa estaba completamente desorganizada pero todo el trabajo les urgía. Les entregué las primeras y últimas traducciones que les hice y después de 50 llamadas telefónicas y 5 visitas a sus oficinas, me pagaron casi a regañadientes. Salí perdiendo por el gasto y desgaste de la parte administrativa. Y para acabarla, al solicitarles la constancia de retenciones, no volvieron a contestar.
La tercera empresa para la que trabajé el año pasado, quienes siguen siendo mis clientes y para quienes trabajo con mucho gusto, declararon correctamente lo que me pagaron y no tuvieron problema (como debe de ser) en entregarme la constancia de retención. Son una empresa seria que vende millones de pesos, gana licitaciones y sigue en crecimiento. Si haces las cosas bien, de verdad creo que te va bien... excepto cuando se trata de lidiar con Hacienda.
Desde que comencé a trabajar seriamente como profesional independiente, me di de alta en Hacienda como era debido, saqué mi talonario de recibos de honorarios, he presentado declaraciones, pedido facturas para deducir impuestos y entregado puntualmente a mis clientes todos los documentos requeridos . Pero yo, como persona física, valgo menos ante Hacienda que la persona moral. Si la empresa para la que trabajo decide no declarar correctamente, huye del país o hace tranzas, quien sale perdiendo soy yo. Lo que declaro ante Hacienda es un mero trámite, lo que vale es lo que diga el otro que es más fuerte. Las incongruencias que hay entre mis declaraciones y las de ellos no provocan siquiera una auditoría, para Hacienda todo esto significa únicamente que yo me equivoqué. Repito las palabras de mi madre que ya había citado, la persona física no tiene ningún beneficio al declarar más ingresos de los que percibe, pero el sistema tributario no se da cuenta de esto ni le importa arreglar estos callejones sin salida. Si quisiera levantar una queja o señalar esta injusticia, lo que procede es una demanda civil (Hacienda se lava las manos) donde yo, de nuevo, acabaría perdiendo.
Declarar impuestos en este país es un proceso imposible. Todo está en tu contra y los funcionarios encargados de esto parecen intentar disuadirte de seguir por el buen camino. Siempre que voy a Hacienda me hago la determinación de dejar de estar dentro de la ley. El gusto de ser traductora, los clientes que he obtenido en estos años (que no aceptarían que trabajara para ellos clandestinamente) y mi educación, me han disuadido de hacerlo.
Huelga decir que debo despedirme de mi devolución de impuestos completa a menos que me quiera ver envuelta en un proceso kafkiano que sé de antemano que no me llevará a nada. No dejaré que esos pesos que se queda Hacienda gracias a su ineficiente e inequitativo sistema de recaudación de impuestos, me quiten el sueño, aunque me caerían muy bien. Más tiempo y fuerzas perdería en seguir su juego. Por ahora, tengo clientes que atender.

